Mulla Naasrudin estuvo muchos años sin trabajo porque quería ser actor y no tenía talento para ello. Pero cada día, religiosamente, iba a ver a su representante. Llamaba a la puerta y muy esperanzado, entraba en la oficina y preguntaba: “¿Hay algo nuevo? ¿Has conseguido algo para mí?”.
Y el representante siempre le respondía lo mismo: “Nada, por el momento no hay nada”.
Pasaron los días, los meses y los años, y la llamada de Nasrudin se convirtió en rutina. En cualquier época del año, hiciera el tiempo que hiciera, bueno o malo, su representante estaba seguro de que Nasrudin aparecería. Y volvería, lleno de esperanza, a preguntar de nuevo, y el hombre volvería a responderle lo mismo: “Nasrudin, no he conseguido nada, no te encontrado nada”.
Un día la llamada sonó diferente, un poco más triste, y cuando Mulla entró, hasta su representante se sorprendió, y pensó: “¿Por qué estará tan triste hoy?”.
Mulla dijo: “Escucha, durante las dos semanas siguientes no me comprometas con nadie, me voy de vacaciones”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario