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miércoles, 14 de marzo de 2012

Cuento algo afgano

Un hombre viaja en metro.
Está pensando en el trabajo que le espera en la oficina.
De repente alza la vista y le parece que otro hombre en el asiento de enfrente lo mira fijamente.
En su abstracción, ni siquiera nota que lo que ve es solamente su imagen reflejada en un espejo.
- ¿De qué conozco a este tipo? - se pregunta al notar que su rostro le es familiar.
Vuelve a mirar y la imagen, como es obvio, le devuelve la sonrisa.
- Y él también me conoce -se dice en silencio.
Por más que intenta dejar de pensar en esa imagen de la cara familiar, no consigue alejarla de su mente.
El hombre llega a su destino y, antes de ponerse de pie para bajar del tren, saluda a su supuesto compañero de viaje con un gesto que, como no podía ser de otra manera, el otro devuelve inmediatamente.
En su trabajo, no puede dejar de preguntarse:
- ¿De qué conozco yo a este tipo?
Cómo le gustaría tener una fotografía de ese hombre para poder mostrársela a sus compañeros. Quizás alguno de ellos podría ayudarle a identificarlo....
Al finalizar su jornada decide caminar hasta su casa para darse el tiempo de buscar en su memoria.
Una hora más tarde entra en su apartamento, todavía sin respuesta. Se ducha, cena, mira la televisión; pero no puede prestar atención.
- ¿Dónde he visto a ese hombre? -se pregunta todavía al acostarse.
A la mañana siguiente se despierta con una sonrisa.....
- Ya sé -dice en voz alta, sentándose de golpe en la cama y golpeándose la frente con la palma de la mano-, ¿Cómo no me di cuenta antes?
Ha resuelto el problema que lo tenía ocupado.
-¡Lo conozco de la peluquería!

1 comentario:

  1. Boas noites!!
    Magnífico cuento!!... texto... o "lección de vida"!!
    A veces... o muchas veces, depende de nuestro grado de "apanpamiento"... vemos, reconocemos, a cualquier persona ajena... antes que a nosotros mismos...
    Es decir... parece que todo lo exterior es lo válido, verdadero y casi perfecto.
    Parece que tenemos que "parecernos a" o "ser como", para entrar en la "bienaventuranza de la vida".
    Siempre fuera.
    Nunca dentro.
    Es como los procesos terapeúticos o de transformación... si no estamos dispuestos a reconocer que el "cambio" siempre ha de ser desde nuestro interior... dentro... dentro... dentro...
    Buscamos fuera cursos, talleres...
    Buscamos fuera sanaciones...
    Buscamos fuera espacios de nuestro ser... que incongruencia, no??!!
    Y tal como se expone en este texto... cuando nos miramos "al espejo", poco o nada reconocemos de nosotros mismos...
    Cuántas veces ante situaciones desesperadas o fuera de lo común, nos sorprendemos con nuestras propias reacciones, hechos...
    Sí... esa "fase" de "auto-admiración", que tantas veces nos produce pudor...
    Pudor...
    Cuál es la verdadera historia de nuestra vida, para que no sepamos o no podamos ver, el magnífico regalo de nuestro verdadero valor????
    No sé...
    No sé...
    No sé... yo creo que a medida que intentamos conocernos a nosotros mismos, nos acercamos más y más, a los demás... y así, siempre podemos estar cerca... muy cerca... juzgar menos y amar más...
    Éso creo yo...........
    Biquiños atlánticamente agarimosos!!

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